2.1 Educación ciudadana, conocimiento cívico y el rol del lenguaje

El objetivo de este apartado es ganar claridad sobre el concepto de conocimiento cívico y su relación con la política y las habilidades políticas, así como exponer que cosas explican el desarrollo del conocimiento cívico en jóvenes. Primero se señalará como un aspecto fundamental de la participación en política es el conocimiento del marco institucional y el manejo de habilidades básicas para poder comprender, discutir y opinar políticamente. Este conjunto de conocimientos y habilidades que facilitan la participación política han sido categorizados de distintas formas, entre las cuales destaca el conocimiento cívico como una de las mejores y más completas aproximaciones. Profundizaremos en este punto en el apartado “Participación política, conocimiento cívico y habilidades para la ciudadanía”.

En segundo lugar, se expone evidencia sobre la desigualdad social y la reproducción de la desigualdad social del conocimiento cívico. En dicho contexto se profundiza sobre la importancia de los recursos culturales en la reproducción intergeneracional del conocimiento cívico. Finalmente se señalan aquellas investigaciones que nos invitan a profundizar en la influencia del lenguaje y los argumentos que dan sentido a esta hipótesis. En tercer lugar, se destacará como una de las formas más utilizadas para evaluar habilidades para el lenguaje es la comprensión lectora. La comprensión lectora, como se conceptualiza actualmente, dista mucho de la mera capacidad de decodificación de las letras y frases a ideas. La definición actual de la comprensión lectora incluye habilidades comprensivas, analíticas y críticas de los sujetos. De este modo, alguien con alta comprensión lectora no es solo alguien que sabe leer, sino que sabe interpretar e inferir los sentidos implícitos de los discursos, así como es capaz de evaluar las ideas que subyacen a ellos. Se profundizará en la relación entre lenguaje y comprensión lectora “Manejo del lenguaje y Comprensión lectora”.

2.1.1 Participación política, habilidades para la ciudadanía y conocimiento cívico

Antes de definir habilidades políticas, es necesario hacer una sucinta definición de lo político, en la cual se enmarca la concepción de habilidades políticas. Al definir política desde los diccionarios es posible encontrar diferencias sustantivas en torno al rol del ciudadano en ellas. Por ejemplo, la política es definida en el diccionario de la universidad de Oxford (2020) como “la ciencia que trata de la organización de las sociedades humanas o actividades de los que gobiernan o aspiran a gobernar”, el uso dado al termino política en este artículo es más acorde con una acepción propuesta por la Real Academia Española, a saber, “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo” (RAE 2014). Esta última definición, es conveniente puesto que posee el sentido democrático y no tecnicista de la política, sentido que es coherente con los tratados internacionales de la ONU, como con distintas definiciones académicas de política. Por ejemplo, desde la perspectiva de Arendt (2009), Lechner (1984) o Mouffe (1999), la política es una actividad de realización humana, que se establece en base a la discusión y resolución de las diferencias que son propias en las sociedades. Considerando lo anterior, las habilidades para la política serian equivalente de capacidades que son necesarias para la discusión ciudadana y la participación en la resolución de las disputas del terreno público. Por ello, habilidades como comprender, analizar, interpretar y argumentar son consideradas de hecho como habilidades necesarias para la participación política, por parte de distintos investigadores.

Actualmente las habilidades para la vida política son un constructo muy estudiado desde distintas disciplinas como las ciencias políticas, la psicología, la sociología, entre otras. Existen varias formas de medir las habilidades políticas en adultos, que implican diferentes concepciones sobre el concepto, aunque todas suponen la posibilidad de capacidades diferenciadas para ejercer la participación ciudadana. Una manera común de conceptualizarlo es resumir el término a conocimiento político factual, es decir, conocimiento sobre quienes poseen actualmente cargos políticos de relevancia o conocimiento sobre las leyes y el derecho actual (Petričević and Stockemer 2020; van Erkel and Van Aelst 2020). Otro modo más completo de medir las habilidades políticas es incorporando otras dimensiones, comúnmente cognitivas, que se relacionan con la capacidad de evaluar noticias, candidatos o realización de compromisos políticos (Mondak 2020; Duval and Pétry 2018). Desde el punto de vista de este artículo, es fundamental incorporar ambas dimensiones, por lo cual consideramos pertinente definir las habilidades políticas para la vida ciudadana como un conjunto de conocimientos facticos y de capacidades cognitivas para aplicar dichos conocimientos en distintas situaciones de la vida política.

Dentro de los estudios de las habilidades políticas, enmarcados en los estudios de educación ciudadana, nace la propuesta de medir dichas habilidades a partir de una prueba estandarizada, otorgando mayor validez y fiabilidad a su medición. Esta, es la prueba de conocimiento y habilidades para la vida cívica y ciudadana, presente en el estudio internacional ICCS. Esta prueba, considera dos dimensiones en las habilidades ciudadanas, el dominio de contenido, es decir el conocimiento factico de los principios del sistema democrático, y el dominio cognitivo, comprendido como el conjunto de habilidades necesarias para la vida ciudadana, como la comprensión, el análisis y la evaluación (Schulz et al. 2011). Los conocimientos evaluados en esta prueba pueden apreciarse en la siguiente tabla.

En torno a la evidencia levantada sobre el conocimiento cívico de estudiantes medido desde la propuesta de la ICCS, se han señalado fundamentalmente dos conclusiones: primero, el conocimiento cívico posee efectos positivos en valores y conductas democráticas, y segundo, el conocimiento cívico está influido por factores contextuales como la desigualdad social y la socialización escolar.

Debido a sus efectos positivos, el conocimiento cívico y ciudadano es actualmente promovido por diversos agentes a nivel académico, Estatal e internacional. Este conocimiento es sumamente relevante si se considera sus efectos positivos sobre la intención de participación (Miranda, Castillo, and Sandoval-Hernandez 2015), en un contexto de apatía política y baja participación de estratos bajos y jóvenes (Janmaat 2013; Contreras and Navia 2013). Igualmente, en el contexto de los nuevos movimientos sociales que buscan reivindicar los derechos de distintos grupos tradicionalmente discriminados, el conocimiento cívico ha demostrado estar relacionado con el respeto a los derechos humanos de estos grupos (Miranda, Castillo, and Cumsille 2018; Caro and Schulz 2012). También, el tener más conocimiento cívico se relaciona con estar en desacuerdo con la corrupción y con la valoración positiva de la democracia como sistema representativo en contraposición a las dictaduras, lo cual, según Hastedt (2016), es fundamental en un contexto de resurgimiento de los gobiernos autoritarios. En suma, el conocimiento cívico puede ayudar a las personas a incorporar los principios democráticos de los derechos humanos.

2.1.2 Conocimiento cívico y desigualdad social

Respecto a los factores que se relacionan con distintos niveles de conocimiento cívico, destacan la influencia del nivel socioeconómico y la influencia de las prácticas democráticas en la escuela. Las investigaciones actuales han propuesto que el conocimiento cívico es especialmente influido por variables de origen socioeconómico (ACE 2017; Schulz et al. 2011; Ferráns and Sandoval-Hernández 2017; Treviño et al. 2017), dando cuenta de lo que se denominará desde este punto, la “Desigualdad social del conocimiento cívico”. Este efecto del nivel socioeconómico, según la literatura, se debe menos al efecto de la ocupación de los padres que al efecto de variables culturales como la educación de los padres y el número de Libros, dando luces respecto al carácter cultural del fenómeno (Castillo et al. 2014). De este modo, se da cuenta del peso de la socialización familiar en el conocimiento cívico, de modo tal que criarse en un ambiente educado, probablemente con amplio vocabulario, y con acceso a recursos de aprendizaje como lo son los libros, fomenta las habilidades y conocimientos que los jóvenes necesitan para ejercer su ciudadanía en democracia´.

Además del efecto de la socialización familiar, otras investigaciones han enfatizado en el efecto producido por variables a nivel escuela como el nivel socioeconómico promedio de la escuela clima más abierto a la discusión y una cultura participativa a nivel escuela son propicios para el conocimiento cívico. En suma, podemos ver que el conocimiento cívico es influido por distintas variables que se relacionan tanto con la socialización familiar como con la escolar, destacando las variables de reproducción cultural.

En consideración de anterior, podemos decir que el conocimiento cívico es bastante explicado por el modelo de recursos, según el cual personas con mayores recursos poseen una mejor disposición a la política (Miranda, Castillo, and Sandoval-Hernandez 2015). Al explicar esta reproducción fundamentalmente cultural, la teoría de la socialización política familiar destaca dos dimensiones: la actitudinal y la cognitiva. La primera línea teórica destaca la trasmisión de valores e intereses políticos, suponiendo que convivir con padres con un mayor capital cultural conlleva tener conversaciones sobre temas políticos y sociales, que fomentan valores e intereses democráticos en los jóvenes, en contraste con la socialización apolítica de los jóvenes de estratos bajos (Gimpel, Lay, and Schuknecht 2003; Wasburn and Adkins Covert 2017). La segunda, destaca la transmisión de habilidades que son heredadas por la socialización familiar en una cultura académica con lectura temprana y acceso a libros (Evans et al. 2015; Park 2008). Esta postura supone que esta cultura académica puede tener un efecto en la socialización política (Duarte, Escario, and Sanagustín 2017; Boeve-de Pauw and Van Petegem 2010). Por su parte, la disponibilidad de libros en el hogar mejora el rendimiento académico y desarrolla habilidades mejorando con ello las habilidades para la vida política (Evans et al. 2015). Además de la relevancia de los libros en el hogar existe más evidencia que hace pensar en la importancia del lenguaje y la comprensión lectora. Algunos investigadores que han realizado entrevistas cognitivas sobre la prueba de conocimiento cívico han concluido que las habilidades lingüísticas del lenguaje son relevantes para contestar exitosamente la prueba (T. Zhang, Torney-Purta, and Mislevy 2015; Arensmeier 2015). En esta línea, algunos estudiantes señalaban que no comprendían la pregunta, justamente en aquellos ítems donde comprender o interpretar el sentido político es fundamental para contestar adecuadamente. De este modo se puede ver que hasta los estudiantes son relativamente consientes de la barrera interpretativa y comprensiva del lenguaje que los separa de la respuesta correcta.

En resumen, las habilidades políticas o el conocimiento cívico son un conjunto de conocimientos y habilidades necesarias para la vida ciudadana, tales como memorización de normas civicas, la interpretación y la evaluación. A partir de la evidencia, se puede sostener que estas habilidades cívicas están muy relacionadas con la socialización política familiar, en la cual influye el origen social. Al explicar esta desigualdad social de las habilidades civicas, la teoría de la socialización recurre tanto a la transmisión de actitudes como de habilidades académicas, entre las cuales esta tesis sostiene que las relativas al lenguaje son de fundamental importancia.

2.1.3 Manejo del lenguaje y Comprensión lectora

El lenguaje ha sido ampliamente conceptualizado a lo largo del pensamiento humano. Aristóteles, concede al lenguaje un rol elemental cuando lo concibe como la herramienta propia del zoon politikon, ya que el lenguaje y la comunicación permite a los humanos discutir y ponerse de acuerdo. Un rol semejante le otorga al lenguaje el filósofo precursor del romanticismo Herder, cuando plantea que esta es la habilidad que da coherencia a la actividad humana, siendo una herramienta que le permite comprender la realidad y reflexionar sobre ella, a partir de conceptualizarla. Desde ambos filósofos, y desde varios otros (ej. Echeverría 2011; García 2013), el lenguaje es aquello que nos permite relacionarnos como humanos, usar la razón y poder discutir sobre nuestros asuntos para coexistir. Ahora bien, aunque es cierto que el lenguaje es algo propio y por ende transversal en el género humano, existe contundente evidencia para señalar que el manejo del lenguaje es diferenciado según grupos sociales.

Al respecto, el sociólogo de la línea de la reproducción cultural, Basil Berstein, realizó durante algunas décadas un amplio conjunto de experimentos e investigaciones para evaluar el uso del lenguaje en distintas clases sociales. En ellas, Bernstein (1985) concluye que los grupos económicamente acomodados y con mayores estudios, heredan a sus hijos un código sociolingüístico elaborado del lenguaje, que les permite hacer abstracciones y pensamientos que se separan de la situación contextual en la que se encuentran. Por el contrario, los jóvenes de los barrios obreros heredan gracias al proceso de socialización un código restringido el cual esta tendencialmente limitado a referencias contextuales y a situaciones vividas. Cabe destacar, como lo hace Bernstein (1988), que los grupos de clases medias y altas también poseen el Código restringido, pero poseen además el código elaborado el cual utilizan en situaciones desafiantes. En suma, puede evidenciarse una desigualdad sociocultural en el manejo del lenguaje que genera capacidades diferenciadas de referenciar ideas fuera de lo vivido cotidianamente, diferencias las cuales explican según el autor la desigualdad de rendimiento académico entre clases sociales, ya que el conocimiento académico se sustenta en el código elaborado, es decir, utiliza ideas fuera de la cotidianidad vivida. En suma, podemos definir al lenguaje como la base de la reflexión y la acción basada en ideas abstractas, el cual puede presentar desarrollos diferenciados socioculturalmente, lo que puede generar desigualdades en ámbitos que requieran de un lenguaje abstracto, como lo puede ser la academia o, desde esta propuesta, la política.

Un indicador útil para medir la capacidad de los estudiantes de entender distintos discursos y ser capases de comprender ideas abstractas, así como analizarlas, interpretarlas y evaluarlas, es la comprensión lectora. La comprensión lectora implica la medición de la capacidad del estudiante, no solo de decodificar el texto, sino de comprender y analizar la relación entre las distintas partes de los textos, para posteriormente realizar ejercicios mentales más complejos como los son la síntesis o la interpretación la evaluación (ACE 2018b). Si bien otras habilidades del manejo del lenguaje como la comprensión auditiva y la expresión escrita u oral son habilidades fundamentales para la vida política, poseen la dificultad de que es sumamente difícil medirlas de modo estandarizado. No obstante, no incorporarlas no es tan problemático considerando la amplia relación que hay entre comprender la lectura y estas otras habilidades. Para trabajar con esta variable se utilizará la prueba SIMCE, la cual, justamente busca medir los logros de aprendizaje de los estudiantes chilenos en torno a las habilidades lectoras.

Según Barahona U (2014) existe un consenso en que los factores asociados al desempeño académico en lenguaje pueden tener su origen en dos grandes ámbitos: en los determinantes personales y en los determinantes sociales. Así, una de las variables fundamentales para explicar el rendimiento en lenguaje es el nivel socioeconómico según se plantea en el informe Coleman (Marqués 2016). No obstante, no todo es reproducción social, pues como plantean Lara, Mizala, and Repetto (2010), las practicas docentes pueden tener un efecto positivo, por ejemplo, discutir la materia en clases es positivo para el rendimiento en comprensión lectora. Además de la participación en clases, el interés sobre la materia es un factor fundamental para su aprendizaje (Lozano, García-Cueto, and Gallo 2000).

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